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Anatomía de un orgasmo: ¿cómo sabes que has tenido uno?

14 Sep 2026
Anatomía del placer Orgasmo

Por Nuria Liébana

Estoy sentada en una cafetería en Ámsterdam con un café que está demasiado bueno para no mencionarlo y pensando en ti.

Específicamente, estoy pensando en la cantidad de veces que he tenido esta conversación. En consulta, en talleres, en cenas que empezaron siendo de trabajo y terminaron siendo de vida. Con mujeres brillantes, seguras, que lideran equipos y toman decisiones de millones, que en algún momento, con la voz un poco más baja de lo habitual, me han hecho alguna versión de la misma pregunta.

¿Cómo sé si he tenido un orgasmo?

Y antes de que tu cerebro haga lo que hace siempre, antes de que esa voz interior diga «yo eso no lo necesito saber» o «yo eso ya lo sé» o «qué pregunta más rara para un lunes por la mañana», quiero que te quedes. Porque esta conversación te interesa. A todas nos interesa.

Aunque solo sea para confirmar lo que ya sabes.

El orgasmo es como el arte

Cuando entras al Rijksmuseum aquí en Ámsterdam y te plantes delante de La ronda de noche de Rembrandt, lo que sientes no es lo mismo que lo que siente la persona que está a tu lado. Ni lo mismo que lo que sentiste tú la primera vez que la viste, si es que la has visto antes. Ni lo mismo que lo que sentirás la próxima vez.

El arte no tiene una respuesta correcta. Tiene tu respuesta. En este momento. Con todo lo que eres ahora mismo, con tu contexto. Y el orgasmo funciona exactamente igual.

Hay orgasmos que son una explosión, intensos, inconfundibles, que no dejan ninguna duda sobre lo que acaban de ser. Hay orgasmos que son una ola, que llegan despacio, te envuelven y se van con la misma suavidad con que llegaron. Hay orgasmos sutiles y profundos que no se parecen en nada al modelo cinematográfico pero que dejan en el cuerpo una sensación de haber llegado a algún sitio importante. Hay orgasmos que duran tres segundos y hay orgasmos que se extienden en algo sin bordes claros que no sabes exactamente cuándo empezó ni cuándo terminó. Hay orgasmo que no te dan placer porque no estás en el contexto idóneo y orgasmos que nunca aparecieron pero fueron la mejor noche de tu vida.

Todo eso es un orgasmo.

Pero ¿por qué dudamos?

La educación sexual que recibimos la mayoría de las mujeres fue bastante decepcionante. Nos enseñaron la anatomía básica, con básica me refiero a no incluir el clítoris, y luego nos dejaron solas con un modelo de referencia construido casi exclusivamente a partir de lo que el cine, la televisión y cierta industria del entretenimiento decidieron que un orgasmo femenino debería parecer.

Ruidoso. Obvio. Cinematográfico. Siempre en el momento exacto. Siempre de la misma manera.

Y entonces muchas mujeres llegaron a la experiencia real y sintieron que no sabían, que era su culpa o que a lo mejor un orgasmo no era para tanto.

Déjame decirte algo: sí lo es. Ya sea a solas o acompañada, buscado con intención o encontrado por sorpresa, el orgasmo es una experiencia biológica a la que ninguna mujer debería renunciar.

Pero, ¿qué es un orgasmo?

Como respuesta corta te diría que es la liberación involuntaria de la tensión sexual.

Pero no nos vamos a quedar en la versión corta cuando la anatomía femenina tiene tanto que darnos.

Lo que sí puedo decirte después de leer muchos estudios y tratar a muchas más mujeres es que el orgasmo no es en esencia una respuesta genital. Aquí es cuando abres los ojos, subes las cejas y te preguntas: ¿ah no? ¿entonces qué coño es? (nunca mejor dicho).

La respuesta genital como las contracciones rítmicas e involuntarias del suelo pélvico o el aumento del flujo sanguíneo en la zona vaginal no es siempre un indicativo de respuesta sexual satisfactoria. ¿Por qué? porque el orgasmo, es en esencia, lo que sucede en el cerebro.

Si te paras a pensarlo, no es algo descabellado. ¿Cuándo y cómo aparece un orgasmo? puede que en una relación sexual, pero también mientras duermes o haces ejercicio. Puede que con estimulación de la zona genital, pero a veces es por estimulación de otras partes de tu cuerpo, o sin ninguna estimulación.

¿Perdona?…(eso diría mi a amiga Edurne si estuviera sentada aquí conmigo). Entonces ¿dónde ha quedado todo eso del orgasmo clitoridiano o vaginal? Eso, amiga, solo es uno de los muchos problemas de querer etiquetarlo todo por necesidad de descifrar el placer femenino.

Si llegamos a la conclusión de que el orgasmo se produce a nivel cerebral deberíamos de dejar de pensar en tipos de orgasmos y más en formas de llegar a él. Esto es mucho más divertido, satisfactorio y liberador. Sea lo que sea lo que te excite, te guste o necesites, el orgasmo al que llegues es tuyo y solo tuyo, no se puede comparar.

Solo hay una cosa que, sí o sí, necesitamos todas. Para que ocurra un orgasmo, el cerebro necesita hacer algo que para muchas mujeres es lo más difícil del mundo: soltar el control.

¿Y cómo sabes que has tenido uno?

La respuesta honesta es: si tienes que preguntarlo con mucha duda, probablemente no has llegado todavía a los más intensos. Pero, y esto es importante, eso no significa que no hayas tenido orgasmos. Significa que quizás los tuyos son sutiles. O que el modelo con el que te comparabas era el equivocado. O que hay más por explorar. Pero recuerda lo primero es soltar el control.

Si pudiéramos meter tu cerebro en una máquina de resonancia magnética mientras estás teniendo un orgasmo, veríamos algo fascinante. Tu cerebro apaga la corteza orbitofrontal lateral. ¿Y qué hace esa zona cuando está encendida? Es tu vigilante interno. Es la parte del cerebro encargada del juicio, de la evaluación, del control y de repasar la lista de la compra o acordarte de que mañana tienes que entregar un informe a las nueve de la mañana.

Mientras estés escaneando la habitación, pensando en si estás tardando mucho, en si tu postura es estética o en si la lavadora ya ha terminado de centrifugar, el cerebro interpreta que hay una «alerta» en el ambiente. Y en alerta no podemos llegar al placer. Pero siempre podemos hacer algo para soltar el control.
Tres herramientas de invernadero para mandar al vigilante a paseo:
  • Cambia el foco del destino al camino: Si buscas el orgasmo como quien busca cumplir un objetivo en su hoja de Excel, estás activando al vigilante. Olvídate del final. Concéntrate en la temperatura de la piel, en el ritmo de tu respiración o en la textura de las sábanas. Engaña a tu cerebro con los sentidos.
  • Satura tu mente con fantasías o sonidos: Si tu voz interior no se calla, dale algo con lo que entretenerse. Las fantasías sexuales (por muy absurdas o inconexas que parezcan) o concentrarte deliberadamente en tu propia respiración funcionan como un silenciador para los pensamientos cotidianos.
  • Haz un pacto de juego (sola o acompañada): Entra a la experiencia con el permiso explícito de perder el tiempo. Si sale, bien; y si no, también. Quitarle solemnidad al sexo es la forma más rápida de abrirle la puerta al placer orgánico.

Y ahora que estamos entre nosotras, en confianza, con el café ya casi frío y fuera llueve con esa elegancia particular que tiene la lluvia en las ciudades del norte …

¿Cuál es el pensamiento más absurdo o cotidiano que se te ha colado en la cabeza en pleno momento de placer y ha activado a tu «vigilante».

Cuando entendemos mejor lo que nos mueve

Podemos transformar mejor lo que nos rodea