¿Y si lo que sabes de tu cuerpo no te gusta? Entonces todavía no has llegado a la parte interesante.

Por Nuria Liébana
El problema con la confianza
Hablamos mucho de confianza.
En los programas de liderazgo femenino, en los podcasts de desarrollo personal, en los talleres donde alguien te pide que escribas tres cosas que valoras de ti misma en un post-it naranja (aquí nuestro toque citrus).
Confianza, seguridad, valor, categoría.
Palabras preciosas. Vagas como el humo.
Porque nadie te dice qué es exactamente la confianza. De dónde viene. Sobre qué se construye cuando el suelo tiembla, cuando el cuerpo falla, cuando la vida no tiene el aspecto que esperabas a los cuarenta y pico sentada en esa silla de directiva.
Así que te digo mi opinión.
Confianza es saber lo que es verdad acerca de tu cuerpo, tu sexualidad, tu mente y tu vida.
No lo que debería ser verdad. No lo que te gustaría que fuera verdad. No la versión editada que presentas en LinkedIn.
Lo que es verdad. A secas.
Bien. Sabes lo que es verdad. ¿Y ahora qué?
Aquí es donde la mayoría de los discursos sobre confianza femenina se caen por un precipicio que nadie señala.
Porque hay mujeres, muchas, demasiadas, probablemente tú en algún momento, yo en algún momento, que saben perfectamente lo que es verdad sobre su cuerpo. Que conocen su ciclo, entienden sus hormonas, reconocen sus patrones. Que tienen información, datos y conocimiento.
Y aun así operan desde la guerra.
Saben que su energía cae en la fase lútea y se odian por ello. Saben que su deseo sexual fluctúa y lo viven con vergüenza. Saben que su cuerpo está pidiendo parar y lo ignoran sistemáticamente porque parar no está en el guión de la directiva que se supone que deben ser.
El conocimiento sin aceptación no es confianza. Es tortura de alta precisión, con buena cara, pero tortura al fin y al cabo.
Sabes exactamente lo que está pasando, y aun así lo rechazas.
Entonces aparece la pregunta que nadie se atreve a hacer en voz alta ¿y si lo que sé sobre mí misma no me gusta?
Quedémonos un momento aquí. No pases de largo que nos conocemos.
Porque esta pregunta, incómoda, honesta y valiente, que suelo hacer a mis pacientes, es exactamente donde empieza la segunda parte del argumento. La parte que los programas de liderazgo femenino nunca alcanzan porque se quedan celebrando el conocimiento sin entrar en lo que pasa cuando ese conocimiento duele.
La respuesta no es fingir que te gusta. No es hacer un ejercicio de gratitud corporal que se siente falso desde la primera línea. No es convencerte de algo que no sientes.
La respuesta es amar lo que sabes que tienes.
No lo que te gustaría tener, ni el cuerpo de otra temporada de tu vida. No la versión de ti misma que existía antes de que el trabajo, los años y las decisiones difíciles dejaran su huella.
Lo que tienes. Ahora. Exactamente como es.
Y sé lo que estás pensando. Muy bonito, Nuria. Pero ¿cómo se ama algo que te ha estado complicando la vida?
Pregunta legítima. Respuesta incómoda:
Amarlo no significa que te encante. Significa que dejas de gastar energía en querer que sea diferente. Significa que tratas lo que sabes sobre ti, tu ciclo, tu deseo, tu carga hormonal, tu respuesta al estrés, con el mismo respeto con que tratarías cualquier dato estratégico relevante.
Porque eso es exactamente lo que es. Un dato. No una condena.
Confianza sin amor es información sin poder
Puedes saber todo sobre tu biología, leer cada estudio, rastrear cada síntoma, conocer tu ciclo mejor que tu ginecóloga, y seguir siendo su prisionera.
Es el lujo del autoconocimiento moderno: nunca habíamos sabido tanto sobre nosotras mismas. Y nunca habíamos estado tan en guerra con lo que sabemos.
Pero amor sin confianza es entrega sin mapa.
Puedes tener una relación preciosa con tu cuerpo, construida con intención, con cuidado, con mucha terapia y algún retiro de fin de semana, y que se desmorone la primera vez que tu biología haga algo que no encaje en esa narrativa tan bien construida.
Juntas son otra cosa completamente, es lo que significa que tu biología sea tu mayor ventaja competitiva.
La conoces, la amas y la usas. Las tres cosas, al mismo tiempo. Sin disculparte por ninguna de ellas.
Esto es lo que los informes de talento no saben cómo medir. Y lo que las organizaciones más inteligentes están empezando a entender.
Una directiva que opera desde el saber de su propio cuerpo no solo rinde más. Cambia el entorno en el que opera.
Tu biología es tu mayor ventaja competitiva
Las mujeres en posiciones de poder aprendieron a gestionar su biología como si fuera un inconveniente corporativo. Algo a disimular, compensar o superar.
En Citrus x Limetta lo llamamos exactamente como es: un desperdicio de talento con base neurobiológica.
Y tiene solución. No en un post-it naranja, ni con un taller de jueves por la tarde.
En el conocimiento preciso de lo que es verdad sobre ti. En la capacidad de amarlo lo suficiente como para usarlo.



